El problema de los comodines en el Club América
Cuando decir “yo juego donde me pongan” es el inicio del fin
Para algunos jugadores es una pesadilla estar en el Club América, aunque al principio se les prometan mieles y hojuelas.
La mayoría de exjugadores, quienes tuvieron un paso de aceptable a muy bueno, indican que “no se le puede decir que no al América”, y sí, desde su óptica, decirle no al equipo más grande de México es un error del que no hay vuelta atrás.
El problema está en el otro lado de la moneda. Aquellos con paso de irregular a penoso, en medio de sus reflexiones ya lejos de Coapa, pensarán lo contrario: “Debí decirle no al América”.
Esto nos lleva a hablar de tres personajes actuales y algunos del pasado, para entender que a veces lo mejor es pasar del Club América y tener una carrera más fructífera en otro lado.
Aunque antes, hagamos una parada para definir el concepto de comodín. No es otra cosa que un jugador que acepta que le ubiquen en el campo según sea necesario. Suelen tener actitud de “profe, yo juego donde me ponga para ayudar al equipo”, y aunque suena loable, termina siendo casi siempre perjudicial.
Caso Chiquito Sánchez
El primero que viene a la mente en el América actual es Chiquito Sánchez.
En Pachuca siempre partió de atrás, posición de ocho, algunas veces casi de cinco. En América se le ha visto de “diez” o algunas ocasiones de “volante derecho”. Para nadie es un secreto que el tipo lució mejor cuando estaba de contención, partiendo de atrás y arrastrando la pelota a terreno enemigo.
La partida de Fidalgo le da nuevas chances de pelear por un puesto de escudo con proyección ofensiva. Seguramente ahí le volveremos a ver mejor. Si es suficiente o no, el tiempo lo dirá, pero Chiquito debe jugar donde luce mejor.
Caso Alexis Gutiérrez
Otro que ha sufrido en su afán de ayudar es Alexis. En Cruz Azul, bajo el mando de Anselmi, ganó reflectores jugando de diez. Volante ofensivo por el centro.
En América ha jugado de lateral izquierdo, volante izquierdo, “diez” y ahora de volante derecho.
No existe jugador en el mundo que pueda adaptarse a tantas posiciones. Además, el tipo juega con frecuencia errática: a veces juega tres partidos seguidos y luego va al banco mes y medio. Así es imposible afianzarle en ningún sitio.
Caso Isaías Violante
Isaías era extremo en Toluca. Derecho o izquierdo, pero aparecía en el frente de ataque. En América le hemos visto de lateral izquierdo, lateral derecho, y en pocas ocasiones, volante derecho. Incluso, se siente ligeramente más apto para jugar cuando Zendejas no esté (cada vez más frecuente, pero es otro tema).
Es otro que goza de pocos minutos, y cuando entra, es en modo parche: tapar la necesidad del momento.
Casos antiguos
William Da Silva, brasileño que llegó de Querétaro, estuvo a punto de destruir su carrera en su paso por América. Siempre fue atacante, pero en Coapa le usaron de contención, lateral izquierdo, volante izquierdo y en alguna ocasión, de delantero. Su paso por las Águilas fue irregular y olvidable porque estar al servicio del equipo terminó sentenciándole, pues en él se pensó para una emergencia más que como un titular especialista en una posición concreta.
Uno que salvó su carrera fue Miguel Layún, pero no gracias a su “plurifuncionalidad”, sino a su carácter. Llegó a Coapa en calidad de lateral o volante derecho. Carlos Reinoso empezó a usarlo de forma rara, y al ponerlo de lateral izquierdo, casi le destruye. Ahí comenzó el #TodoEsCulpaDeLayún, pues el Mike no veía una por esa banda.
Otro que tuvo un momento complejo fue Édson Álvarez, pues esa rotación entre central y contención fue cuando peor le hizo ver. No fue sino hasta que se quedó en el centro del campo que su carrera fue en ascenso.
Los archiveros de exjugadores están llenos de casos así: tipos que fueron víctimas de ser comodines.
El carácter es la salvación
A diferencia de Chiquito, Alexis e Isaías, queda la impresión (a la distancia) de que Layún y Edson tuvieron el carácter para sobreponerse al ser comodines. Supieron aguantar, exigir con rendimiento y afianzarse hasta que los DTs en turno no tuvieron más remedio que ubicarles donde rendían mejor.
Los tres sometidos a juicio dejan la sensación de ser más introvertidos y aceptar lo que “buenamente” reciban en cantidad de minutos. Pues, francamente, no han destacado todavía en alguna posición en particular. De ahí que estén más cerca del fracaso en los campos Azulcremas.
La interrogante radica en saber si podrán salir de esta situación y ser tomados en cuenta para misiones importantes.
Quizá Chiquito todavía tenga salvación, pero Alexis e Isaías son crónicas de un fracaso anunciado. Ojalá me equivoque, pero el Club América está lleno de historias así.
Triunfar en América es difícil. No solo dependes de la confianza del entrenador, sino también de la conformación de la plantilla. Si hay sobrepoblación en alguna posición, lo mejor es pensarlo bien en cuanto a las chances reales de jugar y demostrar. La carrera del jugador es muy corta, y darse el lujo de pasar uno o dos años donde no hay chances reales de jugar donde mejor se rinde es algo que no deberían hacer.
Por eso a veces hay que pensar en si realmente que te llame el América es una bendición o una maldición. Porque al final, resulta un canto de sirena. Peligroso y letal.
🦅 TU TURNO 💛
Apoya las coberturas independientes del Club América
Hazte suscriptor de pago y recibe:
Artículos exclusivos
Acceso al chat y comentarios premium
Capitulazos especiales del NidoPodcast
👉 Suscríbete aquí y forma parte del americanismo exigente.
💡 ¿Aún no quieres suscribirte?
Invítanos un café: Buy Me a Coffee
Escucha y comparte el podcast: Spotify | Apple Podcasts
Síguenos en X: @NidoAzulcrema








Excelente reflexión, sin duda me acuerdo mucho de la época oscura: Rosinei, Argüello, Torito Silva, More Mosqueda, Woody Sánchez, los ponían donde fuera, no había orden táctico. El problema es que se compra una promesa a sobreprecio, como es el caso del Chiquitito, Alexis Gutiérrez e Isaías Violante, pero resulta que ya cuando están aquí en América no tienen la mentalidad, el carácter ni la consistencia para triunfar. Ojalá que la política de fichajes cambie (ya se ven avances) y creo que valdría la pena volver a los orígenes que era cuando se traía sudamericanos baratos y que podrán romperla Y por qué no, venderlos aquí en México, a la MLS o a Europa
No hace falta decir demasiado: las contrataciones no ilusionan. Más bien parecen movimientos de emergencia para contener el ruido externo y calmar a una afición cada vez más incrédula. Se tomó lo que había, cuando ya no quedaba tiempo para construir algo serio. Y eso se nota: no hay funcionamiento, no hay automatismos, no hay identidad clara en la cancha.
En la delantera nadie —absolutamente nadie— saca el pecho por el Club América. La media cancha, lejos de ser un motor, parece una enredadera sin dirección: se pierde la segunda pelota, se llega tarde a las coberturas y se crea poco. El equipo se parte en dos con una facilidad alarmante. No hay bloques compactos ni en medio campo ni en tres cuartos; hay espacios largos, decisiones lentas y una sensación constante de improvisación.
Se habla de Concachampions como tabla de salvación, pero ni ahí el equipo transmite certeza. Se juega más por inercia que por convicción, esperando que algún talento individual resuelva lo que el sistema ya no sostiene. Y ahí aparece la comparación incómoda: este América recuerda demasiado al del “Piojo” Herrera, donde se competía más por ímpetu que por estructura. La diferencia es que hoy ni el talento ni la intensidad alcanzan para maquillar las carencias.
Lo verdaderamente preocupante es que esto ya no parece una mala racha. Es desgaste de ciclo. El estilo se volvió predecible, pesado, incapaz de evolucionar cuando los rivales ya entendieron cómo neutralizarlo. Y cuando un proyecto deja de crecer, empieza inevitablemente a encogerse.
Ahí radica la crítica más dura: el equipo que alguna vez dominó desde la posesión y el orden hoy vive atrapado entre dudas tácticas y decisiones tardías desde el banquillo.
Hablar de cambios profundos ya no debería ser incómodo.
Este declive amenaza con cerrar el curso del técnico más exitoso en la historia del club, no por falta de títulos, sino por la incapacidad de reinventarse a tiempo. Los grandes ciclos no suelen romperse con estruendo; se desgastan lentamente, hasta que un día dejan de sostenerse.
Dije que la primavera se acercaba, pero hoy la duda regresa más fuerte que nunca. No por la derrota ni por el rival, sino por la forma: por momentos el equipo ni siquiera parecía capaz de reaccionar. Eso ya no es sólo futbolístico; es institucional, es emocional, es un problema de identidad.
Por más que intentemos dibujarnos una realidad distinta.
El invierno sigue ahí caraj@!
Y la esperanza, cada vez más distante, ya no pide discursos ni fichajes de último minuto.
Pide autocrítica real, decisiones valientes y un nuevo comienzo antes de que el ciclo termine por consumirse solo.