UNAM (3-3) Club América: “Caos, frenesí y adiós”
La tabla general y Henry estuvieron en el lado equivocado de la historia.
La locura se trasladó a Ciudad Universitaria.
América fue enterrado vivo los primeros veintitrés minutos. El seis a tres global auguraba una destrucción de proporciones bíblicas. Más de uno pensó que “nos van a devolver el seis-uno de hace unos años”.
El problema para Pumas es que lo enterró vivo.
América, moribundo pero mirando a la muerte a los ojos, le dijo que no, y esta concedió. Entonces escarbó y escarbó hasta que resucitó del corazón encendido de un Zendejas legendario.
Y sin embargo, el fútbol es cruel. El destino, perverso. Tras penal sobre Ramón Juárez, Henry Martín, domador de felinos, lo pateó contra el poste y disipó las nubes negras que atormentaban C.U.
Con la mayoría sin piernas tras titánico esfuerzo, no hubo tiempo para una última arremetida. No hubo manera de engañar de nuevo a la muerte.
América no perdió porque Henry erró un penal. Esto siempre será parte del juego, aunque hoy duela, y sea sencillo señalar al capitán como causa definitiva de la eliminación.
América perdió porque recibió seis goles.
América recibió seis goles porque es para lo que dio el plantel.
América perdió porque su posición en la tabla le obligaba a reflejar un marcador superior e incontestable.
América perdió porque en los cuarenta y cinco minutos (sumando ambos partidos) en los que UNAM fue superior, no compitió, no apretó, no existió.
Y sí, ese penal hacía “olvidar todo” por un momento, pero el fútbol es así: espontáneo e intempestivo.
Falló el tipo que nunca falla y hay que saber perder.
Porque si el americanismo no sabe perder y culpa a Henry, entonces Baños dirá que existe un “plantel de alcurnia” y que fueron “los azares del destino” los que causaron la eliminación.
Por lo pronto, terminó Clausura 2026. Un torneo enmarcado por altibajos interminables. Jardine se reinventó jornada tras jornada. No todo funcionó, claro está, pero este plantel tiene un límite y, aun así, André terminó sacándole agua a las piedras.
Y para que no quede duda: cuando un Néstor Araujo con beca infinita termina parado de nueve, ya está dicho todo sobre el estado de la plantilla. Sumado a eso, el fiasco brasileño. Veiga y Lima llegaron a potenciar y terminaron más grises que las paredes del Azteca. Que se regresen a Brasil y que no vuelvan.
El americanismo puede estar tranquilo con respecto al banquillo. Tiene un entrenador de clase mundial. Perderá a Paulo Víctor, baja sensible, pero seguro que le acompañará algún otro de su confianza.
Esto, claro está, si desde la cúpula Azulcrema no toman decisiones viscerales como echar a André. Con esa gente nunca se sabe.
Lo único que queda, por ahora, es procesar esta temprana eliminación. Emotiva, y quizá “injusta”, pero eliminación al fin.
Y sin duda, reconocer a Zendejas. Penal con sangre fría y cabezazo de killer histórico. Dos goles para la posteridad Azulcrema. Estuvo a la altura del diez que ahora carga en la espalda: el crack que aparece cuando los demás rehúyen el llamado a la gloria. Le faltaron socios, pero demostró ser un animal de liguilla.
Ah, y Tricampeón, solo hay uno.
Qué fácil lo hiciste ver, André.
🦅 TE TOCA 💛
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