A partir de esta entrega hemos decidido separar la columna del juego de las Calificaciones. A veces el mismo autor hará ambas y a veces serán repartidas entre los miembros del staff. De esta manera, podemos abordar mejor temas que quedan fuera por falta de espacio.
El título podría parecer dramático de cara a un entrenador que tiene al Club América como líder y todavía con un partido pendiente.
Se puede mirar desde diversos ángulos y la respuesta es la misma: nada. O quizá muy poco.
América sigue jugando al 4-2-3-1 que se implementó desde la época de Solari. Sus variantes son nulas. Los cambios son hombre por hombre. Le armaron un trabuco que resuelve solo por la potencia de fuego de sus atacantes.
Ese famoso treinta por ciento que se atribuye al aporte de los entrenadores sigue sin manifestarse en ninguna faceta del juego. Por arriba, sus pupilos son presa fácil. Cambia de laterales partido sí y partido también. Su centro del campo es endeble todavía, por mucho que cinco bombazos contra el arco rival intenten disimularlo.
Lo mejor que ha traído a la mesa es su preparador físico. El equipo es incansable. Todos lucen a punto. Fantásticos como hace años no.
Almada solo sabe pedir calma cuando se anota y enojarse cuando le anotan. Del resto, mucho aspaviento y poca solución. Este plantel funcionaría con cualquier entrenador medianamente competente. Cierto, es su primer semestre, pero alguien tan laureado en Liga MX algo más debería mostrar.
Hablemos de los muchachos
Al final, más vale enfocarse en los de cancha. En los que resuelven. Y aquí deben hacerse algunas observaciones.
El primer caso es el de Malagón. Un arquero cuyo ciclo ya pasó, pero que seguirá aquí un buen rato. Los mano a mano le cuestan y por aire brinda más incertidumbre que certezas. América debería ir al mercado por un arquero espectacular, volador, uno que emocione.
Delante de él tenemos a dos fantásticos centrales. Han caído como anillo al dedo. Si bien América recibió tres anotaciones, ninguna fue culpa directa de ellos. Tanto Santi Bueno como Ramos Mingo han estado atentos y lo han hecho todo bien. Tienen la mala fortuna de que el entrenador no deja de cambiarles a los laterales. Ahora fueron Dagoberto y Rossano quienes se encargaron de dificultar la labor de estos perros de caza. El argentino se tiró una de esas barridas que ya empiezan a caracterizarlo. Es un especialista en la materia.
Uno que al fin se acordó de jugar al fútbol fue Chiquito Sánchez. Partidazo. Jugó por nota, especialmente en la primera mitad. Condujo con soltura y pulcritud. Empalmó sabroso el lindo servicio de Carlos Álvarez y marcó una gran anotación. Por momentos pareció el que nos vendió Pachuca originalmente. Esperemos que sea el despertar definitivo, aunque con él (y con muchos) es un volado. Aquí se vive de golondrinas que quieren hacer verano.
El que anda en horas bajas es Isra Reyes. Tras tanto tiempo de central o lateral, le está costando la adaptación como contención. En Puebla, en aquel entonces, era el único cinco. Ahora tiene que compartir el espacio con Chiquito y, si encima tiene meses sin probarse ahí de tiempo completo, no sorprende que batalle. Almada tendría que enviarlo a la lateral derecha y fijar a Cervantes junto a Chiquito. O por lo menos a Cerrillo. El fútbol tampoco es tan difícil y ya está todo inventado.
Adelante no estuvo Veiga, pero sí Cracklitos, que ya sumó su primer gol y su primera asistencia. Todavía luce desconectado en general, pero no deja de intentarlo. Hay que tenerle paciencia, porque en Europa se suele jugar al espacio y aquí no pasan del pase al pie. Tiene ganas y movilidad. Siempre levanta la vista. Poco a poco le irá ganando minutos al brasileño, que ya parece tener un pie fuera de Coapa.
Brian fue Brian en modo demoledor. Ingobernable, salvaje y letal. Vía principal de acceso en la primera parte y protagonista absoluto. Su penal abrió la puerta a la victoria, que luego sentenció con un quiebre y un bombazo. ¿De qué planeta viniste?
Quien sigue sin convencer es Zendejas. Algo le pasa. Quizá tanta lesión lo ha mermado, o quizá jugar con nuevos compañeros y reinventarse por enésima vez está siendo complicado. La realidad es que el chico Perea ha hecho más que Zende en el actual torneo, pero ya conocemos el falso discurso del uruguasho con eso de “jugará el que esté mejor”, y lo único que ha hecho es respetar jerarquías.
El ataque luce bien en general. Henry sigue demostrando que tiene cuerda para rato y que la presencia de Colibrí no hace mella en él.
América tiene un cuadro titular importante y un banquillo con opciones. Le hace falta un entrenador que los potencie, que les muestre nuevas formas de atacar y defender, aunque eso empieza a antojarse como un milagro.
Por lo pronto, las Águilas dominan la liga a placer. Los muchachos están sanos, están bien y lucen mejor que hace un mes. Queda pendiente el tema defensivo, porque está claro que en contención no habrá cambios. A Almada no le quita el sueño que su equipo se alargue y lo tomen a la contra en desventaja. Raro para un tipo que de jugador fue centrocampista y que debe saber que los partidos los gana quien domina el centro del campo.
El torneo está entrando en fase de maduración y lo único que resta es seguir viendo la evolución partido a partido para conocer las posibilidades reales de salir campeón. América ganó bien, goleó a uno de los equipos de “los Martínez” y puede dormir relativamente tranquilo.
En el horizonte aparecen Atlas, Pachuca, Xolos, Toluca, Pumas y Tigres para cerrar la fase regular. Imperativo será mantener el liderato, porque cerrar por partida triple en el Azteca durante la liguilla es casi medio título. Esperemos que en estos partidos se mejore en lo defensivo para pensar en dar la vuelta en diciembre.
Ya no luce imposible.
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