La nostalgia no mete goles: por qué los 'Last Dance' son mala idea
Los ídolos no regresan siendo los mismos, y en una liga donde nadie quiere cascajo a precio de oro, el romanticismo puede salir muy caro.
Hace unos días estaba platicando con los muchachos Hammer y Charly en nuestro grupo privado de WhatsApp.
Uno de los temas que surgió fue el de los famosos “The Last Dance”, que, para quien desconozca el término, se refiere a que una figura/leyenda tenga un último baile en el equipo que le vio nacer (o de sus amores), como por ejemplo, Raúl Jiménez, Guido Rodríguez o Agustín Marchesín por citar algunos de los consentidos de la fanaticada Azulcrema.
Más allá de lo que representan esos nombres, no termino de comprar la idea de “la última y nos vamos”.
¿Por qué no la compro? Porque la economía del fútbol mexicano cambió radicalmente. Uno de los problemas que empiezan a aflorar en el fútbol mexicano tras volverse una liga de cinco (América, Cruz Azul, Tigres, Monterrey y Toluca) es la disparidad económica brutal. Los muy ricos pagan sueldos estratosféricos, inflan la liga a niveles nunca vistos, mientras los equipos de relleno siguen con modelos de negocio más tradicionales y presupuestos más “modestos”.
En el pasado, América nunca tuvo problemas para deshacerse de sus extranjeros. Si uno no funcionaba, ahí estaban Necaxa o San Luis (la versión vieja) para recibirlos gustosos, candidatos nunca faltaron.
Sin embargo, en los últimos años, ha costado horrores desprenderse de cualquier NFM porque simplemente, son impagables para el resto de la liga, y peor aún, del continente. Si no es Brasil o MLS, el mercado se reduce.
Los potenciales clubes receptores sacan el colmillo y demandan que el club que pretende prestar/vender pague gran parte del sueldo del jugador a lo que pocos ceden. El América tiene casos como Javairô o Araujo que siguen tan tranquilos porque su sueldo sigue cayendo puntual aunque no jueguen, y aunque quisieran, son incapaces de bajar sus pretensiones económicas, pero ese es tema de otro espacio.
Pareciera que esto solo ocurre al América, pero la realidad es que los otros que conforman el top-5 están padeciendo de lo mismo: nadie quiere cascajo a precio de oro.
¿Entonces vale la pena el último baile o no?
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