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El invierno no sólo se mide en grados.

A veces se instala en la tribuna,

en el silencio previo al silbatazo,

en la mirada cansada de quien ya no aplaude por costumbre.

Hay épocas —como esta— en las que el frío también juega.

En las que la sequía de goles y la inoperancia duelen...

Estamos casi en la mitad del invierno,

¿Será que finalmente les leyeron la cartilla a los jugadores?

Quisiera pensar que sí. Sin embargo, incluso ante un llamado de atención severo, persiste una realidad incómoda: varios de ellos ya tienen asegurado su futuro a mediano plazo gracias a los contratos del club, y no necesariamente existe un incentivo real para reaccionar. Ojalá me equivoque.

Mientras tanto, el discurso externo insiste en maquillar el momento. Abundan las columnas moleras —como las de Récord— que, con un entusiasmo tan predecible como interesado, prometen un resurgir inmediato. A leguas se percibe la nota pagada, el optimismo prefabricado, la narrativa del milagro. Se nos quiere vender que todo se resolverá con la llegada de un mediocampista de 30 años que apenas acumula 122 minutos en el año, sin una aportación verdaderamente determinante. Otros, con mayor ligereza aún, aseguran que Henry será imparable.

Quiero creer.

Pero creer no debería implicar renunciar al análisis.

Lo que hoy se ofrece se parece más al “échaleganismo” tan arraigado en nuestro país: un consuelo fácil, atole espeso para una afición a la que se prefiere ilusionar antes que respetar.

La esperanza, cuando no se sostiene en hechos, termina por desgastarse.

Bien lo dijo Gordon Sullivan " Hope is not a strategy"

En el norte del país, el frío ha sido particularmente duro en los días recientes.

Y no ayuda.

No abona al ánimo ni a la fe en un renacer azulcrema que, por ahora, luce más deseado que construido, luego miro la horrorosa remodelación del otrora Azteca y casi caigo en depresión, pero el futbol, como los ciclos, nunca se cierra del todo.

Aunque cabe recordar que reconstrucciones reales no empiezan con discursos ni con promesas recicladas. Empiezan con autocrítica, con decisiones incómodas y con hechos sostenidos en la cancha.

La esperanza sigue ahí.

Hoy no es estruendosa ni optimista.

Es prudente.

Es distante.

Y exige más.

Se ve aún lejana la primavera,

¿Será que reacciona nuestro amado América?

Veremos...

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Por supuesto, sigue adelante.