Discusión sobre este post

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Lo dicho desde antes del inicio del torneo, este América paga las hieles del tricampeonato y es la crónica de una muerte anunciada.

A este equipo le hace falta fortaleza mental, un buen psicólogo (favor de evitar al charlatán de Dreyfus) y quizá ni con eso se logre revertir la mediocridad que se ha creado, alimentado e incluso institucionalizado por la pésima gestión directiva actual,

Esto pasa en muchos lados, pero no lo voy a justificar: es un club top, con profesionales top, que deberían estar por encima de estas dinámicas… empezando por Santiago Baños y su equipo.

Voy a explicar mi punto.

Lo que veo es un caso típico de indefensión aprendida, combinado con una mala gestión del rendimiento ligada a contratos, y en algunos casos también una preocupante falta de orgullo y ética profesional. Aclaro: no en todos es intencional, pero sí hay varios que ya solo se dedican a cobrar, hay que decirlo algunos son: Mercenarios, y hasta sinvergüenzas. (Adiós Javairo, Araujo, ¿Sigues aquí?)

1) Indefensión aprendida

¿Por qué indefensión aprendida? Porque es la única explicación donde la mediocridad no necesariamente es intención, sino consecuencia del entorno.

Esto se nota cuando observas a jugadores que:

Están en el mejor equipo de México,

Tienen la mejor vitrina para Europa,

Juegan en uno de los mejores 5 clubes del continente,

Y aun así, con todo eso dicho, actúan como si todo les diera igual...

En algunos casos, parece el resultado de críticas constantes, ansiedad y pérdida de confianza. Y cuando se les pasa la edad, el foco deja de ser “hacer historia” y se vuelve “cuidar el contrato”. ¿O no, Kevin Álvarez?

¿Cómo se resuelve? Entendiendo que el jugador es humano: su ego y carácter son frágiles (como los de cualquiera). Pero también es verdad que este plantel lleva años en la élite (véase el tricampeonato) y ya se le olvidó lo que significa vivir bajo presión verdadera en el club más grande e importante de México.

2) Pésima gestión deportiva y de rendimiento ligada a contrato

Aquí entra la segunda capa: los contratos en América son enormes (y está bien, es parte del tamaño del club), pero el pecado está en administrarlos mal y que el resultante sea que el rendimiento no sea igual a la suma del contrato, sino incluso inversa. Y esto lo puede y debe controlar el Director Deportivo, esta claro que esta lejos de una gestión adecuada.

Cuando se permite que agentes “compadres” se sirvan con la cuchara grande, sin garantías reales para la institución, y se firman contratos draconianos que terminan protegiendo mucho más al jugador que al club. El resultado es simple: muchos tienen carta blanca para entregarse a la medianía.

Se relajan en:

Entrenamientos (donde solo asisten)

Nutrición,

Descanso,

Cuidados físicos,

Hábitos fuera de cancha. (Saludos a la trisecta)

Y la inacción del último lustro de esta gestión es el combustible perfecto para esa displicencia, porque la directiva no puede (o no quiere) corregir de fondo.

Y hoy es un lastre enorme por que la cabeza del Águila hoy no puede por ejemplo:

1) Sentar a un jugador, ya sea por patrocinios, por “estatus”, o porque viene el ciclo mundialista y el club quiere el bono por convocatoria a selección.

(Aquí entran Kevin Álvarez, Israel Reyes, Malagón, Erick Sánchez y Alexis Gutiérrez).

2) Venderlo, porque su contrato exige el pago completo del periodo restante. (100% de los contratos con Pitz Group (o Baños Group como me gusta llamarlo) seguro estan en este rubro

3) Castigarlo, porque las cláusulas de rendimiento son ridículas frente a lo que cobran: penalidades mínimas para fortunas gigantes, estoy hoy raya en lo ridículo existiendo tantos datos a los que podrian ligarse el rendimiento y pago semanal del jugador, no solo la titularidad.

4) Transferirlo, porque son contados los equipos que pueden pagar su salario… y los que podrían, no quieren pagar por un jugador cuyo rendimiento, desde lejos, se ve inexistente. (Acá esta Henry, que todavia se ofende por que se le invita a jubilarse anticipadamente, seguro quiere una estatua en Coapa como disculpa para volver a jugar, entre otros)

3) Falta de orgullo (y en algunos casos, ética)

Por último, lo más grave: hay jugadores con mentalidad pequeña que caen en la falacia del “ya llegué”.

“Ya cumplí, ya estoy en América.”

Se les va el hambre espiritual… y hasta la física. Bajan el rendimiento, especialmente después de sentir que ya ganaron todo, que ya no tienen nada que demostrar y que el club debería ponerles una estatua por el tricampeonato.

Pasan del modo atleta al modo empleado.

Y cuando eso ocurre, la caída es inevitable.

¿Como romper el ciclo complaciente?

La solución no es solo un discurso motivacional: es estructura, consecuencias y competencia real.

Si el jugador no siente presión interna, la presión externa lo termina consumiendo. América no puede seguir premiando la comodidad: tiene que volver a exigir como club grande (empezando por los cláusulas contractuales)… o seguirá jugando como uno chico con nómina de gigante.

Al América le urge de vuelta una cultura donde el escudo pese más que el ego.

Porque cuando el jugador deja de competir contra sí mismo, empieza a competir solo contra el reloj… y ahí ya perdió ya veo a muchos calculando su siguiente club, ofrenciendose al Pedregal o afinando el lapiz y la cartera para sus abultados finiquitos , mas preocupados por como el sistema y sus contratos los protegen que por seguir haciendo historia.

Esto último hay que dejarlo claro en América no se viene a “estar bien”. Se viene a hacer historia.

Y hoy hay varios que ya no viven como atletas: viven como empleados con privilegios.

Si la directiva no rompe ese sistema —con decisiones incómodas y consecuencias reales— entonces la mediocridad no solo se repite: se institucionaliza.

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Por supuesto, sigue adelante.