Guillermo Ochoa: “El americanista que hizo de la adversidad su estilo de vida”
Se despidió el mejor arquero mexicano de todos los tiempos como leyenda del fútbol mundial
Hay futbolistas que construyen su carrera desde la comodidad del éxito. Guillermo Ochoa eligió otro camino: hacer de la adversidad su estilo de vida.
15 de febrero de 2004, una fecha que en su momento parecía un día más, terminó por convertirse en el nacimiento de la leyenda del mejor portero mexicano de la historia. Con tan solo 18 años y una responsabilidad enorme, el juvenil americanista aparecía en la portería más difícil del futbol mexicano, en la cancha con mayor historia del futbol mundial. Desde ese día demostró que estaba listo para los retos que se le presentaran, por más difíciles que fueran. No por nada un estratega internacional como el maestro Leo Beenhakker terminaría confiándole la titularidad en muy poco tiempo, mientras que un extraordinario arquero como Adolfo Ríos entendería que su relevo generacional había llegado y que podía pasar la estafeta a unas manos seguras.
Sin embargo, un cambio en la dirección técnica sacudiría los planes de Ochoa. La llegada de un arquero extranjero con experiencia lo haría retroceder parte del camino que ya había recorrido. Aun así, las cosas siempre caen por su propio peso y Memo no solo recuperaría definitivamente el marco Azulcrema, sino que se convertiría en un referente de manera inmediata.
Su historia con el América, al igual que su carrera en general, da la sensación de que pudo haber sido todavía mejor de lo que fue. Si nos vamos a las estadísticas, en sus dos etapas con el club disputó 433 partidos oficiales, ubicándose dentro del Top 5 histórico y como el portero con más encuentros jugados en la institución. Ganó un título de Liga y disputó dos subcampeonatos. Los reconocimientos individuales llegaron por montones, incluso a nivel internacional, como ningún otro portero mexicano los ha conseguido.
No obstante, con Memo nada puede ser sencillo ni obvio.
Para reconocer realmente su grandeza hay que recordar los momentos que terminaron por convertirlo en leyenda americanista. Formó parte de un equipo espectacular que rompió récords y fue campeón de México. Sin embargo, también le tocó integrar, probablemente, el peor América de la historia reciente y, aun así, encontrar la manera no solo de dar la cara, sino de cargar con un equipo que, salvo Salvador Cabañas, estaba lleno de inoperantes.
Cumplió el sueño europeo, pero cuando un portero argentino nos dejó tirados, Memo decidió abandonar todo lo que ya había construido en Bélgica para volver a ponerse la camiseta Azulcrema y devolverle certidumbre tanto al club como a la afición. Hoy en día es muy fácil llenarse de billetes y cambiar de colores en México, pero Guillermo siempre le fue fiel al equipo de sus amores.
Y si bien Memo es un americanista recalcitrante, esta columna también es el momento perfecto para reconocer el valor, el arrojo y la ambición que tuvo para embarcarse rumbo a Europa. Si él hubiera querido, pudo haber jugado más de veinte años en el mejor equipo de México, convertirse en el futbolista mejor pagado de la Liga MX, romper todos los récords posibles y retirarse como el máximo ídolo de Coapa.
Pero volvemos al título de esta columna: parte de esa adversidad consistió precisamente en huir de la zona de confort.
Así fue como Memo disputó cerca de 300 partidos en algunas de las ligas más importantes del viejo continente. Francia, España, Italia, Bélgica y Portugal no solo disfrutaron de los lances del mexicano, sino que terminaron por convertirlo en un jugador respetado, querido y, en varios de esos clubes, inolvidable, aun cuando ya hayan pasado varios años desde su salida. Ha sido el único portero mexicano con el talento, la personalidad y los tamaños para construir una carrera tan extensa en Europa.
Lo cierto es que hablar de Memo es imposible si no se menciona su historia con la Selección Mexicana. Y si su relación con el América siempre fue peculiar, la que construyó con el Tricolor resulta prácticamente indescriptible.
Veintiún años como seleccionado nacional. El futbolista con más títulos oficiales en la historia de la Selección Mexicana. Convocado a seis Copas del Mundo y protagonista dentro del campo en cuatro de ellas. Medallista olímpico. Reconocimientos individuales por todas partes.
Y, aun con todo eso, Memo jamás vivió tranquilo.
Al contrario. Cada torneo importante iniciaba siendo criticado, cuestionado y señalado como el gran problema del equipo. Pero casi siempre terminaba exactamente igual: convertido en héroe, aplaudido, reconocido y admirado tanto en México como por todo el mundo.
Memo Ochoa es, sin duda alguna, uno de los futbolistas más determinantes que ha tenido México en la historia de las Copas del Mundo. Para el resto del planeta, hablar de la Selección Mexicana es pensar inmediatamente en Paco Memo.
24 de junio de 2026.
Querido Memo, no sabemos si hoy fue tu última batalla. Porque contigo las cosas siempre han sido así: lo que parece lógico o evidente suele terminar siendo exactamente lo contrario.
Aunque, si así lo has decidido, por favor, vete con la cara en alto, porque tu historia es inmensa. No solo por tus lances, liderazgo o campeonatos, sino también por convertirte en el ejemplo de lo que muchos mexicanos deberíamos aspirar a ser: un profesional íntegro, preparado, disciplinado, capaz de desafiar al tiempo y de buscar siempre nuevos retos. Alejado de los escándalos y firme en sus principios.
Esperaría que esto no fuera un adiós, porque ver marcharse al ídolo que ha acompañado mi vida futbolística prácticamente desde que tengo memoria será algo jodidamente difícil de aceptar.
Pero si ese momento finalmente llegó…
Simplemente, gracias por tanto, Memo Ochoa.
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