El América de Almada es patético en el Azteca. Jugó tres partidos consecutivos en casa y apenas sumó dos unidades. Y no solo eso, también puso en riesgo el liderato de la competencia.
Aunque ojo, en una de esas capaz que funciona mejor jugar liguilla cerrando de visita, porque este señor que se dice timonel del América es, además de todo, necio como él solo.
Cada tercer día le recuerdan sus pupilos que los está matando con un ida y vuelta que en América no funciona. Expone a sus defensores en campo abierto, pidiéndoles el milagro de cubrir tanto terreno como puedan. El tipo cree que esto es una milpa.
Hay una razón por la que Almada solo ha dirigido equipos diminutos: únicamente sirve para mandar a correr y que alguien resuelva ahí arriba. Los equipos de pocas aspiraciones, con muchos jóvenes, quizá le sirvan para este propósito. En América hay figuras. Hay talento. Hay que ponerlos a jugar al fútbol en lugar de las carreras de galgos que le encantan.
“Correr, corre cualquiera; jugar al fútbol es más complicado”, diría Juan Román Riquelme, y cuánta razón tuvo en ese entonces. La que tiene que correr es la redonda, no los muchachos.
Almada no es entrenador para el Club América. No ha mejorado a ninguno de los muchachos y, a cambio, está dañando a tipos como Isra Reyes e Isaías Violante, quienes siempre fueron fiables.
Encima se encabrona cuando le recuerdan que en América también es importante ganar Clásicos. Dice que “solo el título importa”. Aquí importa todo. El título, el partido de la jornada, el día a día. Todo. Exigencia se llama. Término desconocido para él, por lo mismo: entrenador de pueblo.
Pero hay que ser buenos: Almada es el mismo de siempre. Quien lo sugirió y los que levantaron el pulgar son los culpables de tenerlo en Coapa.
Maldita sea la hora en que corrieron a André Jardine. Este plantel estaría listo para levantar la veintiuno en diciembre.
Hablemos de los muchachos
Si bien el entrenador está potenciando los defectos de muchos de los muchachos, hay unos que tampoco se están ayudando.
El caso de Malagón es complicado. Parece que cada disparo termina adentro. Tapó un penal, pero el rebote le desfavoreció, y antes había hecho un paradón a remate de cabeza a bocajarro. Es como si tuviera pequeños flashbacks de sus mejores momentos a nivel reflejos, pero en general, brinda poca seguridad. Carece de presencia y liderazgo.
Uno que ha perdido bonos es Santiago Bueno. Los últimos partidos habían dejado algunas dudas, pero ante Toluca llegó su graduación. Cometió un penal ridículo, pero no tan ridículo como la falta de oficio que mostró ante Viñas en la primera anotación. Increíble que un tipo con experiencia en Premier League luciera como un Ramón Juárez cualquiera. Absolutamente imperdonable.
En las laterales hay poco que reportar. Rossano siempre será la inclusión forzada del falso potenciador de jóvenes, y Kevin ya ni centra (otra cosa que se ha perdido con Almada).
En zona de ataque empezamos a ver la realidad (o confirmación de algunas sospechas). Violante ha perdido profundidad y gambeta. Poco sale de los botines del veracruzano últimamente.
Óscar Perea falló como titular. Tosco y atrabancado. Por izquierda le cuesta desbordar o conducir con soltura. Por eso es que lleva tantos equipos a su corta edad. Su rol de revulsivo le queda mejor, especialmente cuando el rival está desesperado y se regala en el fondo.
El problema mayúsculo es Carlos Álvarez. El sistema de Almada le favorece poco. Él es interior y Almada desayuna, come y cena fútbol por las bandas. Brian, Zendejas, Borja, Kevin, Dago y cualquiera que corra pegado a la línea es el dueño de los sueños de Almada. El chiquitín necesita gente con quien asociarse y no la está encontrando.
Ahora bien, Henry es una sorpresa absoluta. El capitán parecía listo para la jubilación y ha comenzado un nuevo aire. Se ve bien, luce bien, y está haciendo goles. Es curioso que contra Colibrí se haya puesto las pilas. A ver cuánto tiempo le dura, pero es plausible su buen torneo hasta ahora.
El título se volvió a alejar
El Estadio Azteca y el América son la simbiosis que ha traído numerosos títulos de liga en la historia de las Águilas. Cuando el Coloso de Santa Úrsula se vuelve enemigo, las chances de ganar caen en picado.
Sugerir un cambio de timón podría parecer un despropósito, pero si de algo se puede estar seguro es que Emilio y los españoles deben estar cuestionándose, aunque sea en lo oscurito, si Almada fue una gran elección para su proyecto. Ni potencia a los jóvenes, ni pone a las figuras a jugar a la pelota, ni sabe hablar y tampoco tiene presencia. Se hace chiquito en todas las ruedas de prensa, le cuesta horrores levantar la vista y dar una respuesta contundente.
A ver cuánto dura.



