La ofensiva americanista está intratable. Hicieron diez goles en los últimos encuentros y todos aquellos que los descartaban para el título están a tiempo de recular y tragarse el orgullo. Nadie es más candidato que el Club América.
De los botines de un fantástico Brian y un colombianórdico de nombre Borjaaland, las Águilas vuelan con soltura. Es un equipo ligero, dinámico y que empieza a encontrar sociedades al frente. Sin la presencia de Veiga y con el entusiasmo de Cracklitos Álvarez, América es ágil, vertical e impredecible en el último tercio. Colibrí trajo goles y ahora nadie quiere quedar atrás. Todos convierten. Todos asisten.
Cómo estará de bien el ataque que hasta Chiquito Sánchez está volviendo a anotar. Parece que encontró en el español Álvarez un gran socio, pues a él le debe las asistencias contra León y ahora Atlas.
Sin embargo, como cualquier equipo al que le sale todo, no son inmunes a los excesos de confianza. Una vez resuelto el partido, empiezan las conducciones innecesarias, los lujitos y la pérdida de precisión. Para el aficionado termina siendo frustrante, porque siempre existirá la sensación de que se podía marcar un golecito más.



