| Lo Que El Estadio Se Llevó | |
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En esta ocasión decidí profundizar en una historia que desarrollé en la clase de cine estando en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. La idea siempre me gustó, pero por falta de presupuesto y, entonces conocimientos, el video quedó medio bizarro. Por eso decidí hacer la versión cuento y creo que quedó mucho mejor. Me despido por ahora y les recuerdo que todos los comentarios y sugerencias son más que recibidas.
LO QUE EL ESTADIO SE LLEVÓI En un verano de un futuro no muy lejano, un suceso que rara vez se daba ocurrió: las Águilas del América enfrentarían la final por el título a uno de sus más grandes rivales, la Maquina de la Cruz Azul. El suceso conmocionó al futbol mexicano y todos los aficionados querían una entrada para los estadios. Nadie se quería perder la batalla más feroz que en los últimos años se hubiera presentado. Unos días antes de los partidos, los boletos fueron puestos a la venta y las grandes filas que le daban vueltas a los inmuebles no se hicieron esperar. La misión por conseguir una de las ansiadas entradas se volvió prácticamente imposible ya que sólo tomó unas cuantas horas para que ya no hubiera ninguna disponible. Las cosas no mejoraron luego del primer partido. Las Águilas sufrieron de más para poder conseguir la victoria por dos goles a uno. Los fanáticos se llenaron de emoción y las opiniones se dividieron. Unos estaban seguros que verían a su equipo campeón, mientras que otros estaban convencidos de que habría una remontada histórica. La demanda se alzó a niveles que nadie se pudo imaginar e incluso hubo golpes entre aficionados por uno de esos boletos en varios puntos cercanos al Estadio Azul… II El día de la final de vuelta finalmente llegó. Era un sábado en donde el sol brillaba con intensidad, el calor golpeaba con todo su poder y la Ciudad de México estaba convertida en un caos total. En el centro, un grupo de trabajadores reclamaban al gobierno falta de apoyos y optaron que la mejor manera de presionar era cerrando las calles más importantes del llamado “primer cuadro”. En el norte, una señora había chocado y tapado dos de los carriles centrales del Periférico. Ésta venía peleándose con su marido porque él prefería irse a ver el juego a tener que visitar a su suegra. En una distracción por el coraje, golpeó a otro vehículo y los coches quedaron tan mal que la basura sería su destino más lógico. En el sur, los rebeldes de la UNAM hacían una de sus tantas huelgas, por lo que hubo conatos de broncas entre la policía y los estudiantes. Pero nada como en la Ciudad Deportiva. Faltaban todavía cerca de seis horas para el desarrollo del partido, pero las personas ya estaban formadas; los puestos de comida, de donde salían esos extraños olores de carne cocida de muy dudoso origen, estaban al tope; los vendedores no perdían la oportunidad para buscar clientes y sin inmutarse gritaban con ese acento muy único de ellos “lleven su bandera, hay de cinco y de a diez”; la efervescencia por la final estaba al máximo… III A unos kilómetros de ahí, en la colonia Héroes de Chinconcuac, un triste aficionado se encontraba viendo su televisión sentado en la pequeña sala de su casa a la espera de que la final diera comienzo. Era Johnny Pérez, mejor conocido por sus amigos y familiares como el “Macho”, apodo que se ganó por su fama de ser mujeriego, bebedor y nunca dejarse de nadie, lo que a su juicio debería ser un verdadero macho. Él era hijo de un vendedor de tacos que unos años antes había emigrado a los Estados Unidos, en donde conoció a una señora güera y con la que tuvo al “Macho”. Por eso de su altitud, como de uno ochenta, con cabello rubio, y ojos claros, aunque con la piel un algo tostada. Era un taquero bastante exótico. Él era uno de los fanáticos más grandes del Club América y jamás le molestaba expresarlo. Su cuarto estaba lleno de cosas del equipo de sus amores. Cada año, juntaba el dinero suficiente para poder comprar la nueva playera del equipo. Cuando cambiaba por una nueva y dejaba de usar las viejas, las colgaba para que todos pudieran admirarlas. Era su museo personal del América. Además, tenía pósters de sus jugadores favoritos Giovanni Dos Santos y Nery Castillo, ambos vitales para el bicampeonato de las Águilas de un año atrás. De cosas ni hablar, era un coleccionista declarado y quería obtener todo lo que se pudiera con el escudo amarillo. Tenía tazas, estampas, tarjetas, balones, ropa, vasos, caballitos, botellas, latas, cobijas, tapetes, y todo lo que uno se pudiera imaginar. Todo estaba puesto en forma de un santuario. Su locura fue tanta que en algún momento su madre le propuso que hablara con un “especialista”, pero él se negó diciendo que “el América no es una pasión, sino una forma de vida”. Claro está que cada quince días se iba al Estadio Azteca para apoyar a sus Águilas. Sin embargo, no consiguió boletos para la final ya que había tenido que salir de la ciudad porque había ido a Cholula por unos kilos de carne para el puesto de tacos. Le había encargado a su padre que los comprara, mas éste se gastó el dinero en alcohol. El coraje del “Macho” fue tanta que no le dirigió la palabra a su padre en toda la semana. Cambiaba con el control remoto de canal. No dejaba ni dos segundos en uno antes de volver a cambiarle. La realidad era que no le estaba poniendo atención a nada. Estaba con su mente volando cuando de pronto su celular sonó, era el “Potter”, su viejo amigo de la infancia y compañero de aventuras. -¿Qué pasión mi buen?- -Nada “Potter”, aquí esperando la final en mi casa- -¿Cómo? ¿No consiguiste los boletos o qué pex?- -Mi papá se gastó el dinero, así que no- -Chales mi buen, que mal plan. Pero aún así me sorprendes. Yo pensaría que algo así no te limitaría y que hasta las darías con tal de conseguir uno y meterte a esa pocilga que los “pitufos” llaman casa- -No tengo lana mi buen- -Qué mal. Nomás porque eres mi valedor te ayudaré a pensar una solución. Mmmmmm, oyes, ¿y si le pides prestado a la “Vampireza”?- -Ella está más pobre que yo- -Generalmente así es, pero me enteré de que precisamente hoy le iban a dar una lana. Ya sabes por lo de su hijo y todo eso- “El Macho” se levantó rápidamente del sillón una vez que escuchó la esperanza que tanto le rogó a Dios que llegara. La “Vampireza”, llamada así porque se toma más sangrita que tequila cuando salen de antro, le debía muchos favores y dinero. Gracias a él pasó a la preparatoria, ella no era la estudiante modelo, por lo que siempre terminaba haciendo los trabajos él. Además, le había estado prestando “lana” desde que la conoce. En un mundo perfecto podría cobrarle todo lo que le debe de esta manera. Lo malo es que ese dinero era para los útiles escolares de su hijo. Mas podría reponérselo la siguiente semana con lo de su salario para que no se viera tan mal su actitud. Luego de meditarlo unos segundos se decidió, le pediría el dinero. -Sabes que güey, tienes toda la razón. Ahorita mismo me lanzo para su casa- -Pues ya vete apurando, dudo mucho que encuentres un boleto el mero día. Es una misión casi imposible. De hecho, deberías pedirle ayuda al tal Tom Cruise para que te ayude. Jajaja- -No seas payaso. Pero ya verás que sí consigo. Siempre hay un revendedor por ahí. Con lo que me pueda dar la “Vampireza” seguro me alcanza- -Pues Vázquez Montes mi carnalito del alma, te deseo las mejores de la suerte. Me cae que la vas a necesitar- -Gracias, te veré en la noche para celebrar el título del Águile. Bailongo con la más cachonda- -Adiu- IV “Macho” no se esperó más después de colgar el teléfono. Se metió a su cuarto y buscó su playera del América. Siempre que iba al estadio usaba la playera actual, era una de sus tantas cábalas, como no usarla el día que jugaba y le tocara trabajar o sentarse en el mismo lugar de la victoria anterior en el estadio. Tras varios minutos de búsqueda, que le parecieron eternos, la encontró en la cama. No la había visto porque la cama estaba destendida y la cubría con su cobija. Se la puso, agarró su cartera y su celular y se fue a la puerta, en donde dejó una nota avisándoles a sus señores padres que se iba al estadio. La “Vampireza” vivía a unas cuadras de él, por lo que tardaría sólo unos momentos en llegar caminando. El sol le pegó en el rostro al salir de su casa y tuvo que cubrirse un momento los ojos para esperar recuperar la vista por completo. Comenzó su acelerado paso por las calles. Su colonia era una de las más activas de la Ciudad de México. Había puestos callejeros de comida prácticamente en toda la acera porque había muchas fábricas y oficinas a la redonda y, por ende, muchas personas que buscaban qué comer. Para no variar, ese día estaba repleto de gente. -Dame dos de lengua- alcanzó a escuchar que un señor vestido con un traje azul, que sin ser experto en modas se veía que era muy barato su vestimenta, le ordenaba al taquero Don Jaime, un viejo que llevaba toda su vida ahí. Pasó por el puesto de sus padres, que es blanco con el escudo del América en cada lado. Sus padres habían ido a una consulta médica por los problemas cardiacos de su madre y estaba cerrado el lugar. Siguió su paso intentando apresurarse lo más posible. Ya sólo faltaban cinco horas para el comienzo de la final, pero siempre se encontraba con alguna persona que le estorbaba su camino. Hasta le tiró sin querer su refresco a uno y aprovechó la leve confusión para escaparse y no tener que pagarle otro. Finalmente, luego de unos 15 minutos, llegó a la casa de la “Vampireza”. Ésta era una con dos pisos de color naranja con una reja de color negro. Por su mente paso todas las veces que se “agarró” a su amiga ahí, ella era muy fácil cada vez que se tomaba un par de tequilas. Tocó la puerta lo más fuerte que pudo con le puño cerrado. Se desesperó casi instantáneamente y volvió a tocar, ahora más fuerte. Estaba completamente impaciente porque el tiempo se le estaba acabando. Sin duda tardaría cerca de una hora y media para llegar al Estadio Azul por el tráfico y tenía que conseguir al revendedor. Cada minuto que pasaba había menos posibilidades de que uno tuviera entradas. Volvió a tocar con tanta fuerza que por un momento pareció que tiraría la puerta y los vecinos lo miraron de fea manera. -¡Ahí voy!- escuchó a una voz ronca y muy desafinada. Era ella que ya se acercaba al fin a abrir la puerta. -¿Quién es?- -Soy tu “Machín”, mi "Vampi"- La puerta se abrió y reveló a la joven con pelo largo (teñido de rojo) y usando una simple blusa azul con unos jeans. Se paró junto al marco cruzando los brazos y usando esa mirada que el “Macho” conocía tan bien y que significaba ¿qué rayos quieres? -Oyes mi “Vampi”, sé que andas muy ocupada, pero te quiero pedir un favorcito- -¿Quieres que te preste el dinero que me dio el flojo de Ramiro para los útiles de mi hijo para comprar un boleto?- -¿Pues cómo supiste?- -Me habló el “Potter” y me lo dijo. Ya sabes que si él se entera de algo todos lo hacen- -Chales. Bueno, entonces eso nos ahorra un buen de tiempo. ¿Se puede?- -No lo sé- -Ándale, te lo pago la próxima semana. Me debes muchas, acuérdate- -Te he pagado, tal vez no con dinero…- -Ya, ándale- -Está bien, sólo porque sé que significa mucho para ti. Pero es la última vez- La “Vampireza”, se metió de nuevo a su casa y el “Macho” la siguió dejando la puerta entreabierta, quería salir lo más rápido posible. La casa era simple, había una sala verde en una de las esquinas y había una pequeña mesa en donde había fotos familiares, el comedor era de ocho sillas y muy rústico y, al fondo, se podía ver la cocina, que, por lo que alcanzó a ver el “Macho”, necesitaba una limpieza urgente. La “Vampireza” regresó con su bolso blanco en la mano y buscando su cartera. -Toma. Son mil pesos, con eso te debe de alcanzar sin problemas- -No marches mi “Vampi”, es un buen de lana- -Lo sé, pero así te aseguras de comprar el boleto. Tómalo de una buena vez antes de que me arrepienta- -Muchas gracias mi “Vampi”, eres la mejor. Te prometo que le voy a chambear bien duro estos días para pagártelo rapidísimo- Johnny tomó el dinero y tras saludar rápidamente al pequeño Esteban, hijo de la “Vampireza”, salió casi corriendo de la casa. V El corazón le latía fuertemente. Su emoción era tanta que casi deja caer el dinero cuando iba corriendo en búsqueda del microbús que lo acercaría a Insurgentes. Se paró un momento para mejor guardarlo en su bolsa del pantalón. Ya con sudor en la frente y respirando agitadamente, llegó a la esquina en donde hacía parada el micro. Estaba impaciente luego de que ninguno pasara. Brinco, sacó el celular para ver la hora y sus manos se agitaban tanto que llamó la atención de los peatones que por ahí pasaban. 10 minutos después, el micro pasó y se subió en él, aunque casi lo tira porque no se detuvo completamente y se tuvo que subir muy acrobáticamente. Tomó el tubo para agarrarse y se tranquilizó. Su mente se puso a imaginar la final que le esperaba. Vio como Salvador Cabañas metería un par, uno de tiro libre y otro fusilando al portero luego de un magistral pase de Pável Pardo. “Gio” cooperaría coin otro golecito y Montenegro sentenciaría el título con una jugada de esas clásicas que sólo él sabía hacer. Media hora pasó. Ya estaba muy cerca de su destino. El micro se había llenado mucho en el trayecto y las personas ya estaban muy encimadas. Ya nadie se podía mover bien. Una señora de edad avanzada estaba junto al “Macho”, traía una bolsa del mercado llena y lo golpeaba sin querer cada vez que frenaban. Johnny ya tenía la pierna roja y en más de una ocasión se tuvo que soltar del tubo para poder sobarse, aunque en uno de esos intentos golpeó con la cabeza a un hombre gordo que le sentenció que le daría de golpes si lo volvía a tocar. El calor dentro del transporte se estaba volviendo insoportable, un vendedor quería por fuerza que alguien le comprar uno de esas plumas mágicas que cuestan 10 pesos y en la radio tocaban una canción de Intocable cuando de pronto un fuerte estruendo se escuchó. El micro tuvo que frenar rápidamente porque un “vochito” se le había cruzado. Sin embargo, nada pudo hacer el conductor y los dos vehículos chocaron. Las personas se tambalearon mientras afuera varias partes y cristales volaban. Algunos pasajeros gritaron y una más se cayó sobre dos señoras que la golpearon con sus paraguas para que se les quitara de encima. La confusión reinó por unos momentos hasta que el chofer les pidió que bajaran. El “Macho”, al bajar, vio como el “vochito” había quedado todo destrozado. Su conductor, un hombre de unos 40 años, estaba golpeado y con mucha sangre en la cabeza y en el brazo derecho. Johnny se sintió mal por el hombre, sin embargo, a la distancia pudo ver Insurgentes y la estación del metrobus que lo llevaría al estadio. Vio su reloj y se dio cuenta que sólo restaba menos de cuatro horas para el silbatazo inicial. No podía perder el tiempo y decidió irse. Estaba por caminar cuando una patrulla se acercó y lo detuvo sonando su sirena. Un oficial, un hombre gordo, con bigote y que olía terrible bajo con mucha soberbia en sus ojos y se acercó a los pasajeros. -Siento el inconveniente- dijo con su ronca voz de mando y sin dar apariencia de que en verdad le importara el asunto luego de dar una rápida mirada al accidente –Nadie se puede ir hasta que les hayamos preguntado unas cosas. Como observarán, hay heridos y hay que averiguar qué pasó- “Genial”, pensó el “Macho”. Esto podría tomar mucho tiempo. Tras unos minutos en donde nada pasaba, se dio cuenta que escapar era su mejor opción para dejar de perder el tiempo ahí. Su mente trabajó a mil por hora cuando notó un hombre tomado caminando en la calle de enfrente. La idea, cruel y lo sabía, cruzó su mente. Lo penso un minuto y armándose de valor lo puso a funcionar. -¡Él es el culpable!- gritó señalando al hombre. - Yo vi como se aventó a la calle y propició que los dos coches se dieran con todo- El policía lo observó con una mirada penetrante y leugo le pidió a su pareja que fuera por el hombre ebrio. Cuando giró para verlo mejor, ya que el “poli” pensó que estaba muy lejos para haber provocado algo, generó la distracción que quería el “Macho”. Éste empujó a una de las señora del micro contra el oficial y salió corriendo mientras el policía estaba en el piso y tratando de quitarse a la dama. Mientras el caos comenzó, en donde hubo gritos y empujones entre todos los presentes, Johnny llegó a la estación y, por suerte, un camión estaba por arribar. Se subió y vio por la ventanilla el desorden que había creado. Era muy malo lo que había hecho, pero la final lo ameritaba.
CONTINUARA…
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| Ultima actualización ( Lunes 28 de Diciembre de 2009 17:24 ) |
Saludos compañeros del Nido Azulcrema. Con mucho gusto les presento el segundo cuento inspirado en el América.
QUE TAL MI PETE? PUES NO MAS PASANDO A DECIRTE QUE EL CUENTO DE LO QUE EL ESTADIO SE LLEVO ESTA CHIDO. Y PUES SABER CUANDO VAS A PONER LA CONTINUACION DE ESTE. DE DONDE SACAS LO DE GIO Y NERY? ESO ESTARIA BUENO...QUE LOS DOS LLEGARAN AL CLUB ALGUN DIA Y EXPLOTARAN LA DELANTERA AMERICANISTA. AHI NOS VEMOS Y ESPERO LA CONTINUACION DEL CUENTO..OK?