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Nidoazulcrema es un espacio dedicado al equipo de futbol América. Aquí se analizan, discuten y critican los partidos del club, las decisiones de la directiva, las del entrenador, etcétera. Por lo tanto, Nido no es, ni pretende ser, un espacio que incentive cualquier tipo de opiniones, aunque también es verdad que, mientras haya respeto de por medio, se puede decir lo que se desee pues no hay prohibición alguna en cuanto a nuestra línea editorial. Dicho sea de paso, tampoco hay censura con relación a las opiniones que aquí dejan los lectores.
Una vez aclarado lo anterior, vale comentar que lo acontecido la madrugada de hoy exige que hagamos una excepción con relación a los temas que aquí se tratan y nos adentremos en terrenos que, como columnistas de Nido, nunca hemos abordado: seguridad pública, asuntos políticos, etcétera. Eso es justo lo que haré en el presente texto, por lo que le advierto al lector que leerá juicios que no tienen que ver con el futbol y con los que posiblemente no esté de acuerdo.
En estas mismas páginas, Salvador Cabañas ha sido alabado y criticado, siempre juzgándolo según su rendimiento en el campo de juego. El día de hoy, todo eso queda atrás: el hombre, el individuo, la persona Salvador Cabañas ha sido agredida arteramente y se debate entre la vida y la muerte, cuestión que representa, simplemente, una infamia. No, no se trata de que “Chava” sea una de las figuras de nuestro América, o de que sea un personaje muy conocido, o de que prometía brillar con Paraguay en el mundial. No, nada de eso es relevante. Lo relevante es que, como decía, se trata de una persona: ni más ni menos. Una persona a la que le han arrebatado todo pues, inclusive si logra sobrevivir el ataque que ha sufrido, es evidente que será muy difícil, tal vez imposible, que vuelva a jugar futbol. Así, si bien no le quitaron la vida, sí han matado su ser, cosa que nadie, jamás, debería padecer. De la misma manera, han destrozado a los familiares y amigos de la persona en cuestión. También hemos sido afectados emocionalmente, aunque en menor grado, claro está, quienes, sin conocerlo directamente, nos identificamos con Chava porque, semana a semana, lo miramos en la televisión o en el estadio para celebrar sus goles y/o rumiar sus errores.
Algunos consideran que la culpa de lo ocurrido es de Chava mismo: “¿qué hacía en un bar a esas horas?” “¿Por qué no estaba en su casa durmiendo, a punto de levantarse para ir a entrenar?” Esas son las preguntas que lanzan esos algunos. A ellos sólo resta decirles lo siguiente: ¡no sean bestias, por favor! Y es que estar o no en un bar, de día o de noche, etcétera, no justifica que uno sea baleado. La culpa no es de Chava sino de las “autoridades” de nuestra “gran” Ciudad de México y de los dueños del bar en cuestión pues, en primera instancia, el sitio donde ocurrieron los hechos estaba abierto fuera de horario permitido, cosa que es atribuible directamente a la autoridad correspondiente y, en segunda instancia, la “seguridad” del lugar permitió el ingreso de un arma de fuego. De la misma forma, es también responsabilidad de la autoridad que alguien ande por ahí portando armas pues se permite el contrabando y la compra ilegal de éstas.
Evidentemente, dado que se trata de Chava, hasta el Procurador del DF acudió al lugar de los hechos para verificar que se hagan las investigaciones correspondientes. Igualmente, el Presidente Calderón ha condenado el ataque. Pero si se hubiera tratado de un ciudadano no conocido, el Procurador no habría ido y no habría tanto revuelo: no nos habríamos enterado de nada. Esto sólo demuestra que a la autoridad no le importa la ciudadanía; lo único que le interesa es tratar de fingir que sí trabaja. Por eso, ahora ahí anda tratando de tapar el pozo, el cual estaba abierto porque quienes nos gobiernan no hacen su trabajo. De hecho, si lo hicieran, Chava no habría sufrido lo que le ocurrió.
Apoyemos todos a Chava y no permitamos que se le eche la culpa de lo que le ha pasado. Los responsables son las autoridades, los dueños del bar y, por supuesto, el desalmado que jaló el gatillo. Si permitimos que se le atribuya responsabilidad al mismo Cabañas, al rato va a resultar que, si nos asaltan, es nuestra culpa, si violan a nuestras hijas, esposas, madres o hermanas, será culpa de ellas y, por supuesto, si nos balean, también será nuestra responsabilidad. ¿Dónde quedan, entonces, la legalidad y la autoridad?
La vida de una persona ha sido destrozada como resultado de varios factores que eran más que prevenibles. Como decíamos, eso en sí mismo es una infamia. Que se trate de un individuo muy conocido sólo ilustra lo desprotegidos que estamos: vaya país en el que vivimos.
¡Vamos, Chava!
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Pinche ciudad de locos. Cualquier pendejo puede traer un arma.